Hoy les traigo una conversación muy especial con Lucila Domínguez, artista visual, pintora, ilustradora y una mujer que logró transformar su pasión por el arte y el color en un negocio de formación para otras artistas.
Me encanta la historia de Lucila porque nos muestra algo que creo que les pasa a muchísimas mujeres que emprenden desde su pasión: cuando amamos tanto lo que hacemos, a veces nos cuesta muchísimo ponerle límites.
Lucila empezó compartiendo su arte y enseñando lo que sabía. Su primer curso lo lanzó por Instagram, casi como un experimento, y se sumaron veinte personas.
Pero a medida que su negocio empezó a crecer, también empezó a crecer todo lo que ella sentía que tenía que sostener.
Crear nuevas propuestas, responder mensajes a cualquier hora, acompañar personalmente a cada alumna, preparar cada vez más contenido…
Hasta que llegó un momento en el que tuvo que hacerse una pregunta muy importante: ¿cómo puedo seguir haciendo lo que amo sin que mi negocio termine ocupando toda mi vida?
Y ahí comenzó un proceso de transformación que no fue nada fácil.
Lucila nos cuenta cómo aprendió a pedir ayuda, a delegar tareas que creía que solamente ella podía hacer y a dejar de crear nuevas propuestas constantemente para enfocarse en dos cursos al año.
Pero hay algo de esta conversación que me parece especialmente interesante.
Porque Lucila no solamente empezó a aplicar la filosofía menos es más a su manera de trabajar. También empezó a aplicarla a lo que les ofrecía a sus propias alumnas.
Se dio cuenta de que sus cursos tenían tanta información, tantas actividades y tanto contenido que muchas alumnas sentían que no llegaban a completar todo.
Y empezó a cuestionarse algo que creo que es muy valioso para todas las que tenemos negocios de formación: ¿realmente estamos aportando más valor cuando ofrecemos más contenido?
Hablamos también de la dificultad de poner límites cuando nuestro negocio nace del amor por lo que hacemos, de la importancia de reconocer nuestros logros y de cómo la planificación nos ayuda a entender qué podemos y qué queremos sostener en cada etapa.
Y hay una frase de Lucila hacia el final de nuestra conversación que me encantó:
«El poder está en el menos».
Porque esta filosofía no se trata solamente de trabajar menos. Se trata de poder crear con más profundidad, acompañar mejor a nuestras clientas y construir un negocio que nos permita seguir disfrutando de aquello que nos llevó a emprender.
Espero que disfruten muchísimo esta conversación.
En este episodio vas a escuchar:
[01:41] – Quién es Lucila Domínguez.
[08:52] – Cómo fue el camino hacia el foco, organizar el trabajo por bloques y trimestres, y aprender a decir que no.
[16:00] – Cómo mantuvo viva la creatividad mejorando y enriqueciendo los cursos, en lugar de crear propuestas completamente nuevas sin parar.
[20:42] – Hablamos sobre la importancia de saber pedir ayuda.
[22:03] – El menos es más aplicado en el contenido de sus formaciones.
[29:12] – Una invitación a celebrar los logros del año, más allá de la facturación y los objetivos no cumplidos.
[35:04] – Diseñar un negocio sostenible que no devore el disfrute, la salud, el descanso ni la vida familiar.
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